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Un poco de historia

 

 

Dr. Álvaro Arteaga Ríos
Especialista en Rehabilitación

 

Cuando los náhuas o aztecas llegaron al Valle de México procedentes de Aztlán, actual Estado de Nayarit, las mejores tierras estaban ocupadas por otros grupos poblacionales. Por ello tuvieron que establecerse en un islote del Lago de Texcoco donde encontraron sobre un nopal un águila devorando una serpiente. Las difíciles condiciones de vida en este lugar explican la gran influencia que tuvieron en su cultura la guerra, la religión, la arquitectura, la ingeniería, el arte, la alimentación y la medicina. Gracias a su cosmovisión pudieron establecer todo un imperio que se extendió hasta el norte de México y por el sur a Centroamérica.

 

Con los años y por medio de un sistema de chinampas confeccionadas con maderos y lodo del sedimento lacustre, los aztecas fueron ganándole espacio al lago, desecándolo paulatinamente y utilizando las chinampas para la agricultura. Sus constantes guerras con los vecinos les permitían obtener tributos de los vencidos con base a sus productos locales y sobre todo, los proveía de prisioneros para sacrificarles a sus dioses que exigían sangre humana para mantener la existencia del universo. 

 

 La enfermedad y la religión 

 

Cuando un azteca enfermaba, lo más importante era buscar la causa de la enfermedad, ésta podía estar originada en la violación a los ritos religiosos, excesos en el sexo o en la alimentación, en las artes malignas de algún brujo secundarias a un encargo por venganza, o bien, al capricho de algún dios que al enviar el mal buscaba que el enfermo fuera a su santuario a rezarle, ofrendarle y efectuarle algún sacrificio. 

 

Tanto en el diagnóstico como en el tratamiento se tenía en cuenta el día, mes, fases lunares, vientos, eclipses y otros eventos climáticos y astronómicos.

 

Toda una tradición

 

El médico azteca o ticíl, generalmente heredaba sus conocimientos por tradición familiar de su padre o de su madre, también podía estudiar en el colegio oficial o calmecac.

 

Existían entre los médicos diversas especialidades, ya que había especialistas en enfermedades de los huesos, en trepanaciones; odontólogos que realizaban incrustaciones en oro y jade, expertos en el uso terapéutico de animales, minerales y plantas medicinales, en las enfermedades de los ojos; incluso, había médicos que acudían a las guerras para atender a los guerreros heridos, tanto de los propios aztecas como de los enemigos, ya que éstos últimos eran curados y alimentados para que estuvieran aptos para las ceremonias de sacrificio. 

 

Los partos eran atendidos por parteras, que eran mujeres que habían tenido varios hijos y habían llegado a la menopausia, éstas eran hábiles en preparar a las jóvenes para el parto, rezando las oraciones a la diosa de las parturientas, podían acomodar al niño cuando se encontraba en mala posición, asistían el parto y el alumbramiento, posterior al mismo introducían a la madre al baño de vapor o temazcal.

 

La medicina azteca en el siglo XIV se encontraba más desarrollada que la de las ciudades medievales europeas de la época en las que predominaba la suciedad y las epidemias. El azteca era un imperio con alto desarrollo médico y  salud pública, ya que predominaba la higiene personal y colectiva con el uso de acueductos y alcantarillado en sus principales ciudades.

 

Dr. Álvaro Arteaga.
Especialista en rehabilitación.
Célula Profesional 534716
Célula de Especialista AEIE-27123
Teléfono: (662) 285-48-00

 

 

 

 


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