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Masas abdominales en pediatría

Dra. Tania Larios Farak / Dr. Juan Carlos Villano Castillejos
Oncóloga Pediatra / Residente de 1º año de Oncología Pediátrica

 

Dentro de las masas abdominales existen condiciones importantes que pueden orientarnos al diagnóstico de acuerdo a la edad de presentación, su frecuencia y ciertas características clínicas específicas de cada una de ellas. El manejo inicial del paciente sospechoso de alguna de estas patologías es fundamental.

 

Algunas señales

 

En el niño la forma de presentación más frecuente es una masa abdominal palpable y asintomática, se puede hallar por los padres durante el baño o durante un control sano pediátrico. Si bien, también pudiera presentarse con sintomatología leve y no bien definida como dolor abdominal, náuseas, vómitos, constipación, sangrado en la orina, disminución de peso, diarrea, entre otros.

 

En la época actual de la medicina es fundamental poder determinar rápidamente el origen de esta lesión; primero, a través de un diagnóstico basado en la edad del paciente, sexo, características y ubicación de la lesión, así como el contexto general del niño y las enfermedades asociadas. Luego, realizar un examen de imágenes que permita definir de una mejor manera la lesión. 

 

Diferencias entre benignas y malignas

 

Un concepto importante es poder determinar si esta lesión es de características quísticas (líquido) sólidas o mixtas. Las lesiones quísticas son generalmente únicas y la mayoría de ellas corresponden a lesiones benignas; por otro lado, las lesiones sólidas o mixtas son generalmente malignas. 

 

En el período de recién nacido e incluso hasta los primeros seis meses de vida existe un amplio predominio de lesiones quísticas congénitas que en un gran porcentaje son de origen benigno y destacan los quistes de origen ovárico y renal.

 

Otras lesiones quísticas pueden ir desde los quistes simples de órganos sólidos (hígado, bazo y páncreas), hasta las duplicaciones intestinales. La importancia es poder definir bien la naturaleza de estas lesiones y así poder descartar alguna lesión maligna. 

 

No requieren de mayor estudio complementario o de exámenes sofisticados, siendo la gran mayoría de ellos de resolución quirúrgica, salvo algunos quistes simples de pequeño tamaño y asintomático en los cuales su extirpación puede implicar mayor riesgo que su observación.

 

Las lesiones sólidas o mixtas, todas sospechosas de ser malignas, representan en la actualidad un gran desafío para el médico. Aunque los porcentajes de sobrevivida del cáncer han sido modificados en los últimos 15 años. 

 

Evaluación y tratamiento

 

Desde el momento de la sospecha, todo paciente debe ser evaluado. En términos generales podemos decir que en el diagnóstico de una lesión tumoral debemos actuar rápido para lograr identificar la etiología de la lesión.

 

En relación a tumores pediátricos malignos, en general corresponden a una causa cada vez más importante de morbimortalidad, por lo que la obligación de los oncólogos pediatras es la detección temprana de los tumores sólidos malignos. 

 

Primero, el diagnóstico siempre debe ser catalogado como una urgencia desde el punto de vista de que "se trata de una patología tumoral maligna hasta que se demuestre lo contrario". Por lo tanto, la conducta a seguir es la detección y confirmación diagnóstica sin pérdida de tiempo. 

 

El estudio de cada uno de estos tumores y de otros menos frecuentes, va en relación a la ubicación y grado de compromiso. 

 

Con la sospecha clara de una patología maligna es necesario realizar estudios de imagen especializados, dirigido a la lesión como a su posible diseminación, donde la tomografía axial computarizada, la resonancia nuclear magnética, angiografías u otros exámenes están plenamente justificados.

 

El tratamiento de estos tumores es multidisciplinario con cirugía, quimioterapia y en algunos casos radioterapia con el objetivo de tener un mejor control y alcanzar la curación. Los tumores abdominales más frecuentes son tumor de Wilms, neuroblastoma, linfoma no Hodgkin y hepatoblastoma. 

 

Es importante insistir que en fases tempranas las posibilidades de curación oscilan arriba del 85%, mientras que en fases avanzadas las posibilidades apenas son del 40% o menores.

 

Dra. Tania Larios Farak.
Oncóloga Pediátra
Hospital infantil del Estado de Sonora
Cédula Profesional de Oncología 7342363 

 

Dr. Juan Carlos Villano Castillejos.
Residente de 1º año de Oncología Pediátrica
Cédula Profesional 7288340

 


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