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Cuando el estrés se manifiesta en la piel

Dra. Rosa María Zazueta López

Dermatóloga

rosazazueta@gmail.com

 

La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, los factores externos la afectan, pero también lo que sucede en nuestra mente puede ocasionar graves daños en ella

 

También es el órgano que cuenta con la mayor cantidad de terminaciones nerviosas, vasos sanguíneos, vasos linfáticos y es el órgano de contacto contra el medio ambiente, lo cual lo hace un potente reactor hacia las adversidades externas. 

 

Todas estas características le confieren a la piel capacidades importantes en la manera en la que se comporta con las fluctuaciones tanto externas como internas. 

 

Se sabe mucho acerca de los factores externos que pueden modificar a la piel como por ejemplo el sol, la humedad excesiva, la grasa, etc. Pero poco se sabe acerca de los factores internos y sobre todo factores psicológicos que pueden llegar a modificar la manera en la que la piel se comporta. 

 

El estrés es parte de la vida de la mayoría, si no es que todas las personas que habitamos este planeta. Sin estrés muchas de las acciones cotidianas no se llevarían a cabo, como por ejemplo despertarnos temprano, cerrar las puertas con seguro, cuidar a nuestros hijos, etc. Lo que define si el estrés produce alteraciones al nivel de nuestro organismo es la manera en la que cada persona lo percibe.  Las alteraciones van de acorde al sistema u órgano en el cual las personas lo manifiestan. Siendo el órgano más grande del cuerpo, la mayoría de las personas manifiestan el estrés en la piel. 

 

Es difícil determinar enfermedades de la piel que se atribuyan meramente al estrés. Existen capítulos extensos y libros sobre las “psicodermatosis” que engloban enfermedades ocasionadas por trastornos psicológicos y psiquiátricos. Hablando únicamente de estrés como factor desencadenante existen algunas enfermedades relacionadas como alopecia areata, neurodermatitis, vitíligo, efluvio telógeno y excoriaciones neuróticas.

 

Alopecia areata

 

Es la pérdida de pelo en una placa o varias placas que varían de tamaño desde 1 cm hasta varios centímetros de diámetro. El paciente por lo general no se da cuenta del momento en el que perdió ese pelo. Se puede presentar en cualquier zona pilosa como piel cabelluda, cejas, pestañas, barba, etc. Está relacionado a un proceso de autoinmunidad, por lo general el pelo se recupera sólo y no tiende a presentar mayores consecuencias. 

 

Neurodermatitis

 

Es una dermatosis generalmente localizada a cuello, dorso de manos, muñecas o de pies, compuesta por múltiples “ronchitas” redondas, milimétricas, que dan comezón. Por el rascado la piel se pone roja, se descama y pueden aparecer costras. Es un proceso inflamatorio. Se resuelve fácilmente con tratamiento dermatológico pertinente.

 

Vitíligo

 

En nuestro medio, llamado “jiricua” es un padecimiento donde la piel pierde su coloración por lo cual se manifiesta como manchas blancas, principalmente en párpados, alrededor de la boca, en manos, codos, rodillas y genitales. Tiene de base un proceso de autoinmunidad donde las células de defensa del cuerpo atacan a las células que producen el pigmento en la piel. No se atribuye 100% a condiciones de estrés pero se sabe que es un factor desencadenante importante. No se cura, se controla con diversos medicamentos y el resultado de paciente a paciente tiende a ser muy variable. 

 

Efluvio telógeno

 

Es la pérdida de pelo generalizada como en “mudas de pelo”, como es el caso de algunos animales. Se presenta generalmente tres meses posterior a un evento que generó estrés en la vida del paciente, llámese parto, cirugía, pérdida de empleo, cambio de ciudad de residencia, cambio de escuela, etc. Aumenta el número de pelo que el paciente pierde al día. Tiende a ceder a los pocos meses pero existen maneras de detener la caída con tratamiento dermatológico. 

 

Excoriaciones neuróticas

 

Son lesiones autoinfligidas por los pacientes. Generalmente están en regiones donde el paciente alcanza a rascarse como la cara, dorso de manos, brazos, piernas y pies, parte superior y lateral de la espalda. Son costras y zonas sin piel en sacabocado inducidas por el rascado del paciente. Su tratamiento requiere apoyo psicológico y psiquiátrico. Por lo general dejan cicatrices. 

 

Estos son sólo algunos ejemplos de enfermedades en donde el estrés forma una parte importante del factor desencadenante o factor que contribuye con la primera aparición del problema. 

 

Sin embargo, todas las enfermedades de la piel tienen una alianza estrecha con el estado anímico y de estrés del paciente. Es decir, un paciente que tiene acné presentará más brotes en periodos en donde se encuentre sometido a estrés, por ejemplo, periodos de exámenes. De las enfermedades de piel en donde relacionamos la presencia de estrés a exacerbaciones o “brotes” más comúnmente son el acné, la psoriasis, la dermatitis atópica, el vitíligo, el pénfigo, entre otras. 

 

Las enfermedades de la piel van más allá de lo que tenemos a simple vista. Una mente sana da un cuerpo sano, y un cuerpo sano se manifiesta con una piel radiante. Acuda con su dermatólogo.

 

Dra. Rosa María Zazueta López

Dermatología, Cirugía Dermatológica y Cáncer de piel

Cédula Profesional 5063082/ Cédula Especialidad 7440453

Consejo Mexicano Dermatología: 1326

 

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