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Trabajo en equipo

La obesidad infantil muestra proporciones alarmantes en muchos países y  es un problema grave que tenemos que abordar con urgencia, ya que socava el bienestar físico, social y psicológico de los niños, y es un conocido factor de riesgo para la obesidad y las enfermedades no transmisibles en la edad adulta. 

 

La prevención y el control de estos padecimientos es una prioridad que no puede esperar; entre los factores de riesgo, la obesidad  y el sobrepeso suscitan especial preocupación, pues muchos de los beneficios sanitarios que han contribuido a la mejora de la esperanza de vida se pueden anular si no se controlan.

 

Muchos niños crecen y se desarrollan actualmente en un ambiente obesogénico que favorece el aumento de peso y la obesidad. Los cambios en el tipo de alimentos ricos en azúcares y grasa, su amplia distribución y comercialización, generan un desequilibrio energético, aunado al descenso en la actividad física, ya que se dedica más tiempo al recreo sedentario y frente a una pantalla.

 

Está claramente definido un aprendizaje social de acuerdo a los valores y normas culturales que prevalecen en ciertas localidades, y estos influyen en la percepción de lo que constituye un peso corporal saludable o deseable, especialmente en los lactantes, los niños pequeños y las mujeres. 

 

Lo preocupante es que en algunos entornos, el sobrepeso y la obesidad están pasando a ser normas sociales, y contribuyen a perpetuar el entorno obesogénico. El riesgo puede pasarse de una generación a la siguiente, como consecuencia de factores conductuales y/o biológicos. 

 

Acciones globales

Los progresos en la lucha contra la obesidad infantil han sido lentos e irregulares. En 2014, se estableció la Comisión para acabar con la obesidad infantil por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS); entre sus recomendaciones señala las siguientes.

 

 

  Aplicar programas integrales que promuevan la ingesta de alimentos sanos y reduzcan el consumo de alimentos malsanos y bebidas azucaradas entre niños y adolescentes. 

 

Los expertos recomiendan lograr un equilibrio calórico, es decir gastar, a través de la actividad física, la misma cantidad de energía que se consume. A su vez, se recomiendan los siguientes consejos:

 

  Consumir tres comidas al día y dos colaciones.

 

Establecer horarios fijos para las comidas.

 

  Masticar y saborear los alimentos.

 

  Servirse en platos pequeños para evitar el exceso.

 

  Consumir mínimo 3 comidas al día y considerar 2 colaciones.

 

  Establece  horarios fijos para las comidas, no hay que omitir ninguna.

 

  Comer muchas verduras, suficientes cereales y frutas, y pocos alimentos de origen animal.

 

  Evitar el consumo de alimentos altos en grasas saturadas.

 

  Disminuir el consumo de azúcares.

 

  Reducir el consumo de sodio, es decir, sal de mesa.

 

  Ingerir diariamente dos litros de agua.

 

Con vista al futuro

 

La nutrición adecuada se refiere a la ingesta de alimentos en relación con las necesidades dietéticas del organismo; una buena nutrición consistente en una dieta suficiente y equilibrada acompañada de ejercicio físico regular, es un elemento fundamental para una buena salud.

 

Aplicar programas integrales que promuevan la actividad física y reduzcan los comportamientos sedentarios en niños y adolescentes.

 

En el ámbito mundial, en el año 2010 el 81% de los adolescentes entre 11 y 17 años no realizaba suficiente ejercicio físico. Sumado a esto, las adolescentes mantenían menos actividad física que los varones. 

 

La atención que las mujeres reciben antes, durante y después del embarazo tiene repercusiones profundas en la salud posterior de sus hijos. Es necesario detectar en las embarazadas la presencia subyacente de diabetes mellitus e hipertensión, y tratar estos problemas en la forma debida. 

 

Los primeros años de vida son cruciales para establecer hábitos de buena nutrición y actividad física que reduzcan el riesgo de obesidad. La lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, seguida de la introducción de alimentos complementarios adecuados, es un factor importante en la reducción del riesgo de obesidad. 

 

Por último, recordemos que una alimentación complementaria adecuada, junto con la prolongación de la lactancia materna, puede reducir el riesgo de desnutrición y de acumulación de grasa corporal excesiva en los lactantes.

 

Dr. Francisco Javier Muro Dávila.

Médico Cirujano, Maestro en Salud Pública, Editor en jefe de la Revista B.S., Presidente del Colegio de Profesionales de Salud Pública del Estado de Sonora, A.C., Subdelegado Médico del ISSSTE en  Sonora

Cédula Profesional 471325, ESPM-SSA 026403, Reg. SSA 58351. 


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