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Sensibilidad al máximo

Muchas personas dicen tener una piel sensible, pero ¿qué significa esto? La piel está diseñada para tolerar varias agresiones, ya que es nuestro contacto directo con el mundo.

 

Cuando una piel da problemas o se torna sensible, empieza a incomodar y a perder su función principal. Las pieles sensibles pueden traducirse más bien como intolerantes.

 

La intolerancia de la piel es la incapacidad de adaptarse a situaciones extremas o nuevas como temperaturas cambiantes, productos, texturas e inclusive a situaciones de estrés.

 

Generalmente, es una piel que se torna roja, irritable, da comezón y puede tener erupciones. Para conocer más de esta condición, y poderla tratar adecuadamente, a continuación, los detalles de cómo puede presentarse.

 

Para el cuidado facial

Quienes tienen este padecimiento en el rostro, toleran pocos productos o cremas. Al tener contacto con una sustancia nueva o diferente arde o da comezón. Si la aplicación del producto continúa, existe la posibilidad de presentar erupciones rojas y que la piel pueda empezar a descamarse.

 

Las zonas más sensibles de la cara son los párpados, porque la piel es muy delgada, y la región alrededor de la boca, porque tiene muchas glándulas que producen grasa y fácilmente se inflaman.

 

¿Cómo evitarlo? Frecuentemente, somos propensos a aplicar cualquier crema que nos sugieran o que veamos en algún comercial. Es importante orientarnos con algún dermatólogo para ver qué tipo de cremas o productos necesita nuestra piel, así como saber los efectos secundarios que pueden tener estos productos y saber si caen dentro de la normalidad o no.

 

Cuando la piel ya es intolerante, existen tratamientos para desensibilizarla y volverla a hacer tolerante a muchos productos o situaciones. Hay que evitar la automedicación de cremas y productos faciales, y nunca compartirlos con otras personas.

 

Las manos: contacto expuesto

Al estar expuestas a absolutamente todo, las manos son una parte del cuerpo que requiere de especial cuidado; las lavamos varias veces al día, tenemos contacto con químicos y detergentes, y pocas veces aplicamos cremas.

 

Esto hace que la piel se haga más intolerante. El problema empieza con una comezón discreta, especialmente en las palmas, que luego puede acompañarse por descamación y avanzar con mayor intensidad.

 

Si la piel no se hidrata, se descama el dorso de las manos y se presentan erupciones rosas o rojas que dan comezón. Cada contacto con sustancias que irritan puede empeorar el cuadro.

 

¿Cómo evitarlo? Es muy importante aislar las manos del contacto con detergentes y químicos, esto se hace fácilmente al usar guantes para el momento del contacto; por ejemplo, al lavar platos, picar alimentos crudos o exprimir el trapeador.

 

Parece exagerado, pero el aislar la piel de químicos abrasivos, la hace más resistente y capaz de combatir agresiones futuras. Si los guantes de plástico irritan su piel, puede usar guantes de algodón debajo de los guantes de plástico.

 

Es difícil acostumbrarse al principio, pero con una semana que lo haga, se convierte en un hábito saludable. También es importante no olvidar la hidratación con cremas después de lavarse las manos.

 

Tome medidas

Cuando la piel está crónicamente inflamada, puede localizarse en sólo una zona, por ejemplo los párpados, pero si estos no se tratan, o si no se desinflaman pronto, esa misma inflamación puede pasarse a otras partes del cuerpo.

 

Esto se explica porque la piel es una misma, y está en comunicación constantemente. Si una mano empieza a inflamarse y no la curamos, la otra mano puede seguir, y esa inflamación pasarse hacia los brazos, el cuello, la cara e inclusive las piernas.

 

Las pieles intolerantes también nos limitan de los productos que podemos aplicar y de los cuidados básicos que requiere nuestra piel. Es importante mantener una piel sana, que acepte productos de cuidado diario para procurar su bienestar.

 

Dra. Rosa María Zazueta López

Dermatología, dermato-oncología y cirugía dermatológica

Torre Médica CIMA, primer piso Módulo A, consultorio 105

Teléfonos (662) 213-39-40 y (662) 217-00-36

Cédula Profesional 5063082

Cédula Especialidad 7440453 - SSP 9135/13 – SSP ESP 34/13


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