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Alteraciones endócrinas

Gracias a los grandes avances en el diagnóstico oportuno y a las mejoras de los tratamientos, cada vez son más los niños que sobreviven al cáncer y a las neoplasias. Si bien ésta es una buena noticia, estos niños tienen alto riesgo de presentar alteraciones endócrinas que pueden repercutir de forma importante en su vida adulta. El tratamiento contra las neoplasias intenta destruir células malignas. Sin embargo, los tratamientos no son tan específicos para las células neoplásicas como quisiéramos. En efecto: si tomamos en cuenta que los niños están en un estado de crecimiento constante, es de esperarse que los diferentes tratamientos utilizados causen daño a órganos que están en desarrollo. Incluso es posible que la neoplasia misma produzca un efecto compresivo sobre un órgano específico causando la destrucción del mismo.

 

El sistema endócrino es de los más afectados posterior al tratamiento de neoplasias, ya sea por el uso de quimioterapia o radioterapia, o por lesión directa por la propia neoplasia. Así pues, un 90% de los niños que sobrevivieron a neoplasias puede tener alguna disfunción endócrina.

 

Quimioterapia

La quimioterapia es un medicamento utilizado para destruir células neoplásicas que están en constante crecimiento. Así como el uso de ciclofosfamida, ifosfamida, cisplatino carboplatino, se asocia al daño directo sobre el testículo y el ovario, alterando el desarrollo de la pubertad y fertilidad, el metotrexato y los esteroides a altas dosis se asocian con la disminución en la densidad mineral ósea, generando un mayor riesgo de facturas y talla baja. La quimioterapia también altera la producción y acción de las hormonas como la leptina e insulina, lo cual lleva a la obesidad y al síndrome metabólico.

 

Radioterapia

La radioterapia se utiliza para “quemar” restos tumorales y evitar recrecimiento de las neoplasias y disminuir el tamaño de las mismas. Con todo, al aplicar radiación, a pesar de ser cada vez más específica la zona radiada, siempre hay daño al tejido que la rodea. Esto depende de las dosis y de la zona radiada.

 

En radiación de cabeza suele dañarse la glándula hipófisis, la cual regula la producción de varias hormonas. La deficiencia de hormona de crecimiento es la más comúnmente dañada (90%), seguido del hipogonadismo central (60%), hipotiroidismo central (40-60%), insuficiencia suprarrenal secundaria (30%), hiperprolactineamia (30%), diabetes insípida (20%). Estas alteraciones se pueden presentar hasta 10 años después de recibir radioterapia.

 

Ahora bien, si la radioterapia se recibe al nivel del cuello, se incrementa el riesgo de hipotiroidismo primario, nódulo tiroideo y cáncer de tiroides. De recibir radiación a dosis alta en huesos en crecimiento, puede haber daño a nivel de placa de crecimiento, efectuando una presentación de talla baja o crecimiento desproporcionado.

 

Daño tumoral/quirúrgico

El propio tumor puede causar daño directo, sobre todo en la glándula hipófisis, así como en el hipotálamo. Igualmente, la lesión a nivel del hipotálamo puede dañar el centro del apetito y saciedad, generando hambre insaciable y compulsiva, que culmina en obesidad grave con todas las comorbilidades propias de la obesidad.

 

Evaluación de los pacientes sobrevivientes de neoplasias

Todo paciente sobreviviente a neoplasias debe llevar una vigilancia estrecha de su crecimiento, desarrollo y estado nutricio, por el médico pediatra cada seis meses, hasta completar el mismo. Asimismo, debe tener una valoración inicial por el endocrinólogo pediatra para una valoración endocrinológica integral, sobre todo en aquellos pacientes sobrevivientes de tumores intracraneanos que recibieron radiación. En caso de detectarse una alteración por el médico pediatra o el endocrino pediatra, deberá darse tratamiento específico para permitir un crecimiento y desarrollo lo más adecuado y favorablemente posible para nuestros pequeños guerreros.

 

Dr. Gustavo Fco. Bobadilla Olaje

Endocrinología pediátrica

Cédula Profesional 6566995

Cédula Especialidad 09654371


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