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Nuestro cuerpo es maravilloso

Uno de los sistemas que tenemos los seres humanos el llamado sistema inmunológico, el cual nos protege de amenazas internas y externas. Para que este funcione adecuadamente requiere que los demás sistemas operen bien; además, está interconectado.

 

Los vasos linfáticos, se encargan de llevar las células inmunológicas a todo el cuerpo. No nos detendremos en detalles, pues la velocidad de los descubrimientos es demasiado rápida.

 

Ya desde mediados del siglo XIX los fisiólogos empezaban a curiosear en este mundo de relaciones entre el medio interno y el externo. En los años cincuenta y sesenta, se realizaron estudios en donde se dedujo que el estrés podía afectar la inmunidad. Pero no es hasta 1975, en donde se acuña este término, gracias a los experimentos del psicólogo Robert Ader y el inmunólogo Nicolas Cohen.

 

Después, se descubrió que la linfa abarcaba hasta el cerebro y había conexión entre neuronas y linfa, la cual está bien documentada con fotografías especiales. La historia es vasta, pero lo que nos interesa aquí es, si ya desde hace mucho tiempo se tienen los estudios científicos que sustentan esta magnífica relación, ¿por qué muchas personas siguen dudando?

 

 

Cambios en adquirir conocimiento

La falta de conocimiento y difusión del mismo podría ser una causa, pero también el poco interés en profundizar en estos temas. Vivimos en la era de las redes sociales, donde el conocimiento fluye a una velocidad increíble pero también la desinformación.

 

Toda una generación de “millennials” (término acuñado para los que nacieron después de 1984 y antes del 2000 aproximadamente), están acostumbrados a la información rápida. Les gusta recibirla ya digerida o pre-digerida. Por el tedio de tener que profundizar, dejan que otros piensen por ellos.

 

Es pues, que aun con la comprobación de la conexión entre el sistema nervioso y el inmunológico, y a pesar de estar confirmada su relación con el estrés, con enfermedades como la depresión y los trastornos de ansiedad entre otros, todavía se escucha decir a mucha gente: “Yo no creo en eso”. Esto como si la ciencia de creer se tratara, pero qué podríamos esperar si ya grupos anti-vacunas afirman con toda certeza que estas son causas de enfermedades como el autismo, sin ni siquiera poder aprobar alguna prueba contundente.

 

 

Entrar en el terreno científico

Al entrar al campo de la ciencia, no podemos hacerlo como en cualquier otro, porque esta lleva su metodología, y nos guste o no, tampoco es ni ha sido la panacea, porque no es perfecta. Por si esto no fuera poco, también se ha estudiado las relaciones entre los microbios y los estados de ansiedad, siendo observado que al administrar probióticos a ratones, estos pueden ayudar a estabilizar sus estados de ansiedad.

 

Estas cosas no son nada nuevas, sin embargo cuando se quiere explicar resulta ser algo complejo, pues se requieren conocimientos sobre precisamente psiconeuroendocrinoinmunología. Se agrega así lo endocrino al término inmunología. Entonces, hay sistemas muy bien estudiados en el cuerpo humano y que son susceptibles a cambios a nivel psíquico. La medicina somática se ha encargado ya de estudiarlos.

 

 

Las somatizaciones

La ciencia todavía necesita recorrer mucho camino en este rubro. Por lo pronto, nos podemos quedar con experimentos empíricos, como el que al pensar en un limón, por ejemplo, puede activar nuestras glándulas salivales.

 

A partir de un pensamiento se activa una glándula de manera involuntaria. Aquí es fácilmente demostrable la relación mente-cuerpo. Así como este ejemplo hay muchos. Solamente podremos sacar conjeturas, anécdotas y cuestiones empíricas mientras no tengamos investigación que sustenten lo que muchas personas experimentan, pero así es la ciencia. Mientras no tengamos una investigación en la que se puedan sustentar las teorías existentes, sólo nos quedaremos en eso.

 

 

El futuro nos espera

No hay que desanimarse, hay mucho qué descubrir y un mundo de fenómenos, que si bien tal vez aún no haya la suficiente investigación que respalde los hechos, no por eso dejan de ser interesantes y en un futuro no muy lejano, podremos vislumbrar más acerca todo esto que actualmente nos parece un enigma, pero que en años venideros, se podrán convertir en técnicas o desarrollo de tecnología que nos ayude a la auto-curación.

 

Mientras tanto, cuidemos la ecología de nuestra mente, en que los pensamientos forman parte. Mantengámonos en el equilibrio, evitemos la contaminación mental, sólo cada quien decide que tener en su jardín mental, eso es una decisión personal. Los pensamientos pueden etiquetarse como positivos o negativos, pero eso es sólo darles un nombre. En realidad no pueden ser ni lo uno ni lo otro.

 

Los pensamientos sólo son eso, subjetividad mental llamada así. Lo que a una persona puede alterarla a otra puede calmarla. Por lo que no podemos recetarle a alguien: “Mire piense positivo, aquí esta una lista de pensamientos, piense esto…”

 

Más bien una de las psicoterapias que abarca esto es la llamada Psicoterapia Racional Emotivo Conductual, de Ellis, así como la Cognitiva Conductual, de Beck; estas tratan de las disfunciones cognitivas y se trabaja su relación con las emociones, porque precisamente se sabe que las emociones como la ansiedad pueden afectar el sistema inmune. Se trabaja la técnica pero aún hace falta un sustento más sólido. Sin embargo los resultados son efectivos en su mayoría. Aún falta mucho camino que recorrer, así que ¿por qué no pensar positivo?

 

Dr. Eduardo Monteverde Maldonado

Psiquiatría

Certificado por el Consejo Mexicano de Psiquiatría

Clínica del Noroeste

Teléfono: (662) 212-13-71

Cédula Profesional 3558395

Cédula Especialidad 5132009


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