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Los cuatro elementos

En la entrega anterior hablé sobre la relación que existió en la antigüedad entre medicina irracional y medicina racional, y de qué forma el primer tipo de medicina provocó de alguna manera el desarrollo posterior de la medicina racional, la cual se encarnará a cabalidad en Hipócrates y su tradición.

 

Con todo, también las tesis naturalistas de los filósofos presocráticos influyeron en el contenido del corpus hippocraticum. No obstante, la contribución presocrática por excelencia a la medicina fue la que hizo Empédocles, la cual descansaba teóricamente sobre su teoría de la naturaleza.

 

En efecto: toda la teoría anatómica de Empédocles dependía de la dinámica llevada a cabo por los cuatro elementos (aire, tierra, fuego y agua) que componen el mundo. Incluso, Empédocles no titubeó en propugnar que la salud es corolario del correcto equilibrio de los cuatro elementos en el cuerpo humano, mientras que la enfermedad es el resultado de un desequilibrio.

 

La fiebre

Filistió de Locri adaptó la teoría de Empédocles de los cuatro elementos para explicar por qué los seres humanos enfermamos. En un mismo espíritu que Empédocles, Filisitó expuso que la causa de la enfermedad era el dominio de uno de los cuatro elementos sobre los otros, generando un desajuste en la temperatura del cuerpo humano. Esto no deja de tener un toque de sentido común; solamente pensemos los momentos en los que hemos estado con fiebre: ¡hay un desajuste en la temperatura!

 

Como resulta evidente, el mecanismo natural para sanar es restituir el balance originario del cuerpo humano mediante el uso de medicamento. Para ingeniar que devolvían al organismo su temperatura habitual, los médicos hipocráticos desarrollaron teorías sobre el funcionamiento de estas drogas e hicieron las descripciones precisas para detallar los ingredientes respectivos, con ocasión de reajustar el calor, el frío, la humedad y la sequedad contenida en el cuerpo humano.

 

Respirar es vivir

La salud era dependiente del equilibrio entre los cuatro elementos. El domino de uno sobre los demás acarrearía consigo el malestar físico. Por tanto, sería extraño que Empédocles privilegiara alguno de los cuatro elementos sobre los otros. Sin embargo, la fascinación que sentía Diógenes de Apolonia frente al fenómeno de la respiración lo encaminó a etiquetar al aire como el elemento más importante.

 

Diógenes identificó a la Mente Cósmica propuesta por Anaxágoras con el aire, equivalencia que lo llevó a decir que el aire era un principio inteligente que vivificaba el universo mediante la manipulación de los restantes elementos. Que el aire era el elemento más importante lo mostraba mediante el fenómeno de la muerte: morir era, sin más, la carencia de aire, es decir, la falta de respiración. En Diógenes se encuentra la concurrencia entre vida y respiración/aire. Esto tiene un tufo de “espiritismo”: el término correspondiente en griego para “respiración” es pneuma,vocablo del cual se desprende el término “espíritu”. Muchos pensadores posteriores a Diógenes irán más lejos, y alegarán que el alma se compone de cierto tipo de aire que circula a través de ella.

 

Lic. Diego Espinoza Bustamante

Licenciado en Filosofía por la Universidad Panamericana

Actualmente trabaja como adjunto de rectoría de la Universidad Panamericana


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