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La experiencia en mi trasplante

Mi nombre es Omar Karim Valdez Orozco; actualmente tengo 43 años de edad y recibí un trasplante de riñón en abril de 2016 en la Unidad Médica de Alta Especialidad del Instituto Mexicano Seguro Social (IMSS) en ciudad Obregón, Sonora.

La operación estuvo a cargo de un equipo de médicos y enfermeras altamente profesionales y responsables de la unidad de trasplantes de dicha clínica, así como de mi médico tratante, quien durante todo el proceso me acompañó y hasta la fecha lo sigue haciendo.

Todo empezó en el invierno del año 2003, cuandodespués de un accidente automovilístico, los médicos me informaron que detectaron fallas en mis riñones y desde entonces estuve al cuidado de mi función renal, hasta que en marzo de 2014 eso ya no fue suficiente y empecé con la hemodiálisis, tres horas tres veces a la semana.

Ahí conocí a muchos enfermeros y enfermeras con los cuales estaré eternamente agradecido, conocí además también muchos otros pacientes que vivían lo mismo que yo y a sus familias.

En ese entonces comencé con los estudios del protocolo de trasplante, no fue sencillo. Tengo cinco hermanos y ninguno fue apto para la donación, aun asíagradezco su intención y su disposición,así como a toda mi familia que siempre está conmigo.

 

La espera y la recuperación

Fue entonces que empecé a esperar una donación de un donante anónimo, que hoy ya no lo es tanto.

En abril del 2016 recibí la llamada tan esperada… Me dijeron que tenían un posible donante para mí; inmediatamente me traslade a la UMAE, de Obregón, y a la mañana siguiente entré a quirófano para el trasplante. Eso fue fácil pues no tuve tiempo de pensar en nada, tampoco me di cuenta de nada pues estaba dormido.

Al despertar, ya estaba en mi cuarto completamente aislado y con las más estrictas normas de higiene para evitar cualquier posible infección. Las primeras 24 horas después de un trasplante son críticas, y más en mi caso, pues por múltiplestrasfusiones de sangre que había recibido por diferentes motivos, hacían que mi cuerpo pudiera rechazar más fácilmente el nuevo riñón.

Después de una semana, mi nuevo riñón ya funcionaba perfectamente, pero yo tuve que permanecer ahí otra semana para un tratamiento más completo por lo que anteriormente comenté; por fin, el 10 de mayo me dieron de alta y a partir de ahí, mi vida cambio completamente.

 

Un acto de amor

Ahora vivo mi vida normal como cualquier otra persona, pero muy sanamente como debió haber sido siempre: tomo mucha agua, como saludable y las tres veces al día (incluyo mucha fruta y verdura, además pollo, pescado y poca carne); hago ejercicio y evito el estrés, y lo más importante, tomo siempre mis medicamentos.

En realidad el trasplante me dio la oportunidad de renacer, de agradecer a Dios por cada día y por cada momento. Agradeceré a mi donante y a su familia por el resto de mi vida por esta nueva oportunidad de seguir viviendo.

Gracias a la donación de órganos y a la decisión de una persona (mi donante) y su familia, me cambió la vida, pero no sólo a mí sino a toda mi familia, porque la donación de órganos no sólo beneficia a las personas enfermas, sino que impacta también a sus seres queridos.

Créanlo, la donación de órganos les permite a muchas personas enfermas seguir viviendo y tener una mejor calidad de vida.

No existe en la humanidad un acto más puro de amor por el prójimo, un acto más noble y desinteresado como la donación de órganos: “Dar vida después de la vida”.

 

Fuente: Centro Nacional de Trasplantes (CENETRA)


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